Mostrando entradas con la etiqueta Kobardanga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kobardanga. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de noviembre de 2007

Mi viaje a la India. Parte I

Han pasado ya casi dos meses de que partí a Calcuta a hacer voluntariado. El relato de este viaje lo empecé tan pronto volví, pero entre que no le dediqué suficiente tiempo y que nunca parecía decir exactamente lo que yo quería, no lo había dado por concluido. Así pasaron un par de semanas y luego me fui a Galápagos, intenté acabarlo, pero la emoción del otro viaje se entrometía y no podía terminarlo...ahora me he dado tiempo y aquí estoy, escarbando otra vez en mis recuerdos para compartir con esta hoja de papel la experiencia que fue ese gran viaje….Espero que como a los buenos vinos, el tiempo solo los mejore y que de un mejor sabor a mis recuerdos.

Todo tiene un comienzo (vaya sabiduría la mía, no?) y la idea de ir a la India apareció sigilosa unos meses atrás. Es sabido que para mí el tomar vacaciones es mucho menos atractivo que viajar y descubrir el mundo, así que tenía que encontrar un destino nuevo e interesante, al que pudiera viajar sola si nadie quería acompañarme y con otro presupuesto que no fuera el de las vacaciones, porque ese ya había sido asignado en repetidas ocasiones a otros viajes, así que lo primero que se me ocurrió fue hacer voluntariado en algún lugar del tercer mundo.

Empecé a averiguar y cual fue mi sorpresa cuando descubrí que el hacer voluntariado en lugares exóticos es bastante “in” entre los españoles, que mucha gente repite y que todos lo cuentan con satisfacción y alegría, así que me dije a mí misma “esto no puede ser tan malo”.

Hablé con un montón de gente de sus experiencias y de recomendaciones y parecía evidente que el destino más “fácil” era la India porque era un país poco peligroso (aunque pongan bombas en el McDonals, siempre es mejor que ir a Somalia o Etiopía), porque no tenía que dormir en el centro de voluntariado con lo cual podría hacer “mi propia vida” cuando el trabajo se acabara, porque era un país atractivo para viajar en caso de que no soportara hacer trabajo social de manera intensiva y además, porque a pesar de ir sola, ya había conocido a 3 personas que estarían allá haciendo lo mismo en las mismas fechas. Estaba decidido, el destino era Calcuta!!!......para mi suerte, había sacado de mi cabeza el recuerdo de la película de “la ciudad de la alegría” y el firme pensamiento que tuve al verla de “jamás en mi vida voy a ir a esa basura de lugar”

El proyecto concreto al que iría, también surgió hablando con el amigo del amigo del amigo. Conocí a Julia, que era la encargada de coordinar a los voluntarios españoles de un proyecto llamado Luces Rojas. Luces Rojas es la casa de 200 niños sanos que habían sido recogidos de la zona de prostitutas de Calcuta por el Padre Xavier, quien se dedica a darles a todo lo que les haga falta: un techo, 3 comidas al día, uniformes, higiene, escuela, ocio y por si fuera poco….cariño.

El hecho de que los niños fueran sanos era importante para mí porque no estaba segura de poder soportar demasiadas miserias, no tenía ni la más remota idea de que sentiría al estar allá y no quería presionarme demasiado, llevaba un año muy duro y no quería complicármelo más, ya temía por mi salud mental!!

Julia, que ya había estado en Kobardanga (nombre del pueblo donde estaba la casa) y que repetía éste Agosto, me habló con tal pasión, entusiasmo y alegría de “luces” que definitivamente hice del suyo MI plan!

Mi viaje a la India. Parte V

Al día siguiente cayó monzón y no pudimos ir a Kobardanga que estaría inundado, así que Ana, Paloma, María, María y yo decidimos ir a hacer turismo…ilusas…. Había poca cosa que ver y lo que había se estaba cayendo en pedazos. En nuestro andar bajo la lluvia y con el agua hasta las rodillas vimos como la ciudad se movía a un ritmo distinto, cosa que se aceptaba con paciencia, las personas y los coches compartían las calles, los hombres levantaban sus pantalones y las mujeres caminaban lentamente con el pesado sari empapado.

Pasamos por mercados, estaciones de tren, túneles, puentes y todo estaba invadido de gente, gente toda muy muy delgada. Había muchos hombres. Había mucha gente triste y mucha gente alegre. Había mucha gente trabajando duro y mucha gente mendigando. Había mucha gente sana y mucha gente débil, enferma y lisiada. Había mucha gente comiendo pero mucha más gente muriendo de hambre…..fue una tarde muy dura en una ciudad durísima.

Volvimos a nuestro recién creado mundo en Sadder St., nos tomamos una cerveza y hablamos con un toque de desprecio, distancia y asco de lo feo e inmundo que era todo….los recién llegados no pertenecíamos a ese mundo. Pertenecíamos a lugares como el bar al que fuimos más tarde, un bar en un hotel de lujo con música en vivo y con cervezas por €5 donde 40 voluntarios volvíamos a casa por unas horas.

Al día siguiente fuimos a trabajar con los niños. Yo iba con la firme intención de ser más cercana, incluso a pesar de los piojos y la sarna. Pintamos paredes y muebles. Me hice de algunos nuevos amigos de entre 3 y 7 años. La India empezó a hacer el voluntariado conmigo.

Éramos un clan de 50 voluntarios españoles (sí, yo también ya soy Española, con pasaporte y todo!!) y nos íbamos siguiendo los unos a los otros. Ese día tocaba ir a oír misa en español a la capilla donde está la tumba de la Madre Teresa a las 6 am…jajaja!, yo?, a las 6 am a misa??!!! Jajaja!. Si. A las 5.30 estábamos todos en el punto de encuentro en Sadder St y la capilla estaba llena. A las 7 am nos dieron de desayunar en la “Mother House” y en contra de lo que hubiera creído de mí misma y de mi firme intención de no ver miserias (más?) me di de alta como voluntaria matutina con las hermanas de la caridad…a ver si era yo capaz de aguantar lo que venía….

Ese día fui por primera vez a Prednam, que es la casa de las misioneras de la caridad que acoge mujeres mayores enfermas y solas que habían sido recogidas de la calle o de algún basurero aún con vida…... La casa está en una de las peores zonas de Calcuta, en Park Circus, que era, si cabe, mucho peor que lo que habíamos visto hasta ahora: más suciedad, más malos olores y mucha más miseria….

Nuestra labor consistía primeramente en lavar ropa a mano, aunque yo pensaba: si cada voluntario dejara 1 euro cada vez que viene, cosa que haríamos con gusto, porque el suplicio de lavar ropa bajo el sol de Calcuta a las 9 a.m. es inimaginable, en menos de un año ya se habrían comprado una lavadora y secadora industrial!, pero claro!, olvidaba que eso iría en contra del voto de pobreza que han hecho las Misioneras de la Caridad!!. Después de lavar, tendíamos camas, ayudábamos a las enfermas a hacer ejercicio, les dábamos masajes para mejorar la circulación y dar un poco de calor humano, les servíamos de comer y a las que no podían alimentarse por sí mismas, les dábamos de comer en la boca. El trabajo era durísimo!. Un nudo en la garganta y una lágrima a punto de salir del ojo eran eterna compañía.

Las “sisters” siempre estaban al pendiente de los voluntarios por si les veían flaquear y necesitaban alguna palabra de aliento…unas mujeres con un temple de acero. Estoy segura de que ellas son capaces de hacer todo el trabajo con las enfermas por sí solas, pero que parte de su labor es dar una lección de vida a los que íbamos de “voluntarios” …

La parte que me pareció más dura ese primer día fue el darle de comer a una mujer que pareciera que lo único que podía hacer era abrir la boca y masticar. No hablaba, no oía, no se movía….algo vería porque cuando le acercaba la cuchara a la cara abría la boca, pero estaba completamente aislada. Me senté a su lado y estuve unos 45 minutos alimentándola y acariciándola, en silencio y observándola, pensando….pensando en todo: en ella, en su cara, en su expresión, en su vida pasada, en su soledad, en sus sentimientos, en mí, en mi propia vida… en lo vulnerables y dependientes que somos, en el mundo, en la justicia, en la caridad, en el dolor, en la alegría, en las “sisters”, en cuanto cariño hace falta….